Si hay algo que muchas familias han vivido alguna vez es este momento: compras un juguete precioso, grande, lleno de funciones… y al llegar a casa tu hijo o hija decide que la verdadera maravilla es la caja.
Y aunque pueda parecer frustrante, en realidad es una señal maravillosa.
Los niños no buscan juguetes llamativos:buscan experimentar, descubrir, conocer, explorar. Y para eso, muchas veces, los objetos más sencillos son los que mejor acompañan su desarrollo.
Los materiales no son objetos: son oportunidades
A veces pensamos que cuantos más juguetes tengan, más aprenderán. O que lo más educativo es lo que tiene luces, sonidos y un montón de funciones. Pero la realidad es mucho más simple: lo que hace crecer a un niño o niña es lo que pueden hacer ellos, no lo que hace el juguete.
Un material –cualquier material– es valioso si le permite:
• crear,
• probar,
• equivocarse,
• imaginar,
• resolver,
• transformar,
• investigar.
Por eso la caja, la cuchara de madera o los vasos de plástico se convierten en sus favoritos: no les dicen cómo jugar. Les dejan hacer, que es exactamente lo que necesita su cerebro para desarrollarse.
Por qué no necesitamos juguetes que lo hagan todo
La industria del juguete avanza hacia lo llamativo: luces, canciones, movimientos automáticos, voces, estímulos por todas partes. Pero cuando un juguete lo hace todo, el niño hace poco. Y cuando el niño hace poco, también aprende poco.
Los juguetes demasiado ruidosos o que funcionan solos suelen tener estos problemas:
• Dan poco margen a la imaginación
Si ya viene “hecho”, no necesitan inventar nada.
• Limitan la creatividad
Si un juguete ya tiene una función fija, el niño solo puede jugar de una forma.
• Les convierten en espectadores
El juguete decide todo: cuándo suena, cómo se mueve, qué pasa después.
• Pueden sobreestimular
Mucho ruido o muchas luces generan cansancio y, a veces, frustración.
• Crean una sensación falsa de aprendizaje
No por cantar los colores van a aprenderlos: lo que les enseña es tocarlos, verlos, vivirlos.
Este tipo de juguetes no son los que más aportan al desarrollo.
La importancia de los materiales no estructurados
Si hay algo que nunca falta en el juego de cualquier niño o niña, es aquello que no tiene una función fija. Esos materiales que pueden ser mil cosas a la vez. A eso los llamamos materiales no estructurados, y son verdaderas joyas.
Cuando les ofrecemos materiales abiertos, cotidianos, sin una función rígida, el mensaje que les llega es: “Tú decides. Tú creas. Tú inventas”. Y ahí es cuando sucede la magia del aprendizaje real.
Seguramente ya tienes muchos de estos en casa.
Algunos ejemplos:
• Palos, piedras, piñas
• Telas, pañuelos, bufandas
• Tapones, conchas, recipientes
• Cajas, tubos de cartón
• Bloques de madera
• Cucharas, coladores, embudos
• Arena, agua, arroz, harina…
¿Por qué son tan potentes?
Porque fomentan la creatividad, el pensamiento, la autonomía, la concentración, regulan sus emociones a través del movimiento y la expresión libre y potencia la capacidad de resolver problemas. Y además permiten un tipo de juego que dura muchísimo más tiempo, porque no se agota: cada día pueden convertirse en algo diferente.
Entonces, ¿cómo elijo materiales adecuados?
Te dejo algunas ideas prácticas para que puedas escoger con confianza y sin necesidad de comprar por comprar.
1. Pregúntate: “¿Quién hace más, el juguete o el niño?”
Si la respuesta es “el juguete”, mejor pasar.
2. Prioriza lo sencillo
Los materiales simples suelen ser los que más juego dan.
3. Observa qué le interesa ahora mismo
Quizá está en una etapa de llenar y vaciar, o de construir, o de transportar… Elige en función de eso.
4. Busca cosas que tengan usos abiertos
Si puede convertirse en varias cosas, es un acierto.
5. No subestimes los objetos cotidianos
A veces un embudo, un bol y una cuchara valen más que un juguete sofisticado.
6. Recuerda que el juego no necesita mucho
No necesitan una habitación llena, necesitan materiales que puedan usar de verdad.
El poder de lo cotidiano
Los niños y niñas aprenden mejor cuando pueden experimentar por sí mismos. Cuando sienten, tocan, prueban, desmontan, mezclan, crean… Cuando el material se adapta a su forma de jugar, no al revés.
Por eso la mayoría de las veces no necesitan más cosas, sino cosas que tengan sentido para ellos.
Y aquí está la parte más bonita: muchas de esas cosas ya están en tu hogar.
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