Es posible que hayas escuchado esta palabra en algún momento sobre todo si te mueves en torno a la maternidad.
Soy consciente de que todavía hay mucha confusión sobre qué es una doula y cuáles son nuestros cometidos, así es que he decidido contar de manera muy clara, cual es nuestro rol y qué no nos corresponde.
Empezaré diciendo que la doula es una mujer, generalmente madre, que se ha formado y tiene experiencia para acompañar a otras mujeres en sus procesos de maternidad. ASÍ DE CLARO. Aunque inicialmente la doula surgió de la necesidad de estar junto a otras mujeres en sus partos dado que se sentían muy solas y con muchos miedos, cierto es que, a día de hoy, hay doulas que acompañan desde la preconcepción hasta la primera infancia. Cada doula asumirá el papel en el que se sienta preparada y más cómoda.
Quiero señalar y dejar muy claro que el acompañamiento de la doula es emocional y, a veces, logístico y práctico, según la demanda de la mujer acompañada y la disponibilidad de su doula.
Este acompañar de ninguna manera es sanitario ni psicológico, incluso cuando la doula sea profesional de la salud o psicóloga.
Porque acompañar es ESTAR junto a la mujer que nos ha solicitado. Y si se recomienda, se aconseja, se le dice a la madre qué ha de hacer, ya no se acompaña, sino que se dirige y, además, se infantiliza a una madre, mujer adulta y responsable.
Porque la maternidad, en cualquiera de sus etapas, es un estado intenso y delicado que pasa por el cuerpo, la mente, las hormonas, las emociones… de LA MADRE.
Una de las herramientas con que cuenta una Doula es la PRESENCIA, de manera que impulsa la escucha activa teniendo muy en cuenta la comunicación no verbal. La doula observa y escucha más que habla…o así debería ser.
La doula es honesta, acompaña sin juicio y valorando siempre la necesidad de la madre, respetando su personalidad, sus deseos, su cultura, permitiendo que sea ella quien tome sus decisiones en todo momento. Y para ello, facilita la información que solo ELLA necesita. Y aporta información veraz y absolutamente fiable, para lo que está formada y en constante actualización. En el caso de no saber algo, es humilde, acudiendo a la fuente necesaria para obtener aquello que nos solicitan.
Recuerdo a una mujer que estaba acompañando que me dijo “no quiero que me des demasiada información, solamente responde a lo que yo te pregunte y muestra interés en lo que a mí me interese”. Pensé que olé por ella porque información hay muchísima, incluso a veces, contradictoria. Y una mujer no va a estar mejor informada acumulando aquello que, durante SU embarazo y en SU situación personal, ni le interesa ni le conviene.
La empatía, la compasión, el respeto hacia la madre acompañada han de primar en todo momento. Porque es SU maternidad, SU parto, SU crianza… y no es lo que a mí me gustaría como doula, sino lo que esa madre quiere para ella y su criatura.
Así, una doula no ofrece ni hace terapias, no rodea el acompañamiento de un halo de misticismo, ni promueve prácticas que nada tienen que ver con la naturaleza del momento y la situación. Acompañar a otra mujer en estado de máxima vulnerabilidad como son estos procesos hacia la maternidad, necesita de mucho sentido común, manteniendo los pies en la tierra, los ojos abiertos y el corazón caliente.
Hay mujeres que buscan doula para su embarazo, otras la quieren para ser acompañadas durante el parto (esto merecería artículo aparte) y otras, las menos, buscan a una doula durante el posparto y la crianza temprana.
Si hablo por mí, suelo acompañar el proceso completo, sobre todo embarazo y parto (el posparto también merecería un texto aparte…). Tengo la inmensa fortuna de no tener ataduras: horario laboral, hijos pequeños, padres a los que atender, cosa que me facilita el poder acudir cuando me llaman o atender a la madre cuando tiene necesidad de ello.
Porque la disposición es algo muy importante para una mujer que va a ser madre. Por eso, cuando acompaño a una embarazada mi disponibilidad es total, salvo caso de urgencia o prioridad vital.
También, cuando acompaño un parto mi presencia es CONSTANTE, separándome sólo para tomar algo o ir al servicio, dure las horas que dure el proceso y desde el momento en que la mujer requiere de mi presencia.
Y voy a terminar haciendo un pequeño resumen, porque dada mi formación y extensa experiencia, podría llenar páginas de lo que ES y NO es una doula.
- Para finalizar, dejo una frase para que se quede grabada en el alma de la mujer en su camino de ser madre: la maternidad, en cualquiera de sus etapas, es un estado tan intenso como delicado que pasa por el cuerpo, la mente, las hormonas, las emociones… de LA MADRE.
- Brevemente te comento lo que puede hacer tu pareja, (si la tienes): informarse, preguntarte qué quieres y qué necesitas, no desvalorizar tu sentir ni pretender que sea lo que él quiere. Observarte, apoyarte de manera incondicional. Entender y aceptar que, aunque él sea el padre, tú eres la MADRE y toda la parte física va a pasar por tu cuerpo, así como la emocional pasará por tu psique. Y puede dejar un bonito recuerdo o una dolorosa herida.
- Y, sobre todo, haz para ti misma aquello que necesites para sentirte en armonía: empezando por ponerte tú en el centro, no hacer concesiones que te incomoden, no escuchar lo que no te beneficie, cuidar tu descanso, tu alimentación, tus pensamientos y tu tiempo libre. Hacer ejercicio (el que quieras), tomar el sol, alimentarte rico… Buscar ayuda si la necesitas, ¡y tener una doula!
