RABIETAS Y CEREBRO EN CONSTRUCCIÓN

Soy Ana, maestra de Educación Infantil y Psicóloga Perinatal, experta en Crianza Consciente, Apego e Inteligencia Emocional, además de Asesora de Lactancia y Destete. Después de casi 10 años dedicada a la etapa 0-3 años, el nacimiento de mi primer hijo me hizo replantearme todo y ahí comenzó mi formación en Crianza y desde hace 5 años acompaño a familias y mamás desde el embarazo, en el posparto, lactancia y crianza en los primeros años.

Leer el artículo completo

5 minutes

RABIETAS Y CEREBRO EN CONSTRUCCIÓN

“La etapa de las rabietas es buena y pobre del niño que no la pase, porque eso quiere decir que no tiene ideas propias o que le han machacado tanto que ya ha dejado de defenderse”

Rosa Jové

 

Las temidas rabietas… ¿Todos los niños y niñas pasan por esta fase? ¿Podemos hacer algo para que no nos pille? ¿Qué hago si me la lía en público? Tengo pánico a este momento… Todo esto son expresiones reales de familias reales.

 

Sí, tememos mucho a esta fase del desarrollo, pero ¿por qué? probablemente la tememos porque no la conocemos, no llegamos a comprender su importancia en el desarrollo de nuestras criaturas y además nos puede el qué dirán, las opinión y los juicios ajenos, normal… es una fase dura, a veces complicada y que nos puede llevar al límite como padres y madres.

 

De hecho, hasta el nombre de Rabieta no hace justicia a esta fase del desarrollo, más que rabieta, podríamos llamarlas desbordes o explosiones emocionales, ya que es precisamente lo que es, un gran desborde que ni ellos mismos comprenden.

 

Así que hoy, que me estás leyendo, quiero darte otra visión de esta fase, quiero que comprendas su importancia, aunque sea una fase dura y difícil, quiero que sepas que también es una fase que llega, se queda un tiempo intenso, pero que si la manejamos con las herramientas correctas, se va para no volver.

 

Lo primero que debemos saber es que el cerebro de los niños y niñas es totalmente emocional hasta los 7 u 8 años, lo que quiere decir es que sus emociones hasta esa edad están a flor de piel y son muy intensas, no podemos pedirles que razonen sus acciones, porque no están preparados para ello.

 

A los dos años se va a producir el desarrollo del neocórtex, la capa que recubre al cerebro emocional (que se va a terminar de desarrollar en torno a los 25 años) es en esta capa donde van a estar las funciones cerebrales más desarrolladas como la empatía o el razonamiento, por ello los dos años es una etapa compleja, donde comienzan estos desbordes emocionales.

 

También a esta edad, se dan cambios a nivel cognitivo y motor, con un gran impulso a la autonomía, poniendo a prueba que tienen todo el control del mundo que les rodea, también aparece la socialización, les gusta estar con sus iguales y disfrutan con estas relaciones.

 

Como puedes comprobar, el cerebro a esta edad está en plena ebullición de conexiones neuronales y aprendizajes y depende de nosotros, los adultos de referencia, que este desarrollo se potencie de forma afectiva, empática, que demos estrategias o no… Es la interpretación que hacemos los adultos lo que va a determinar el aprendizaje.

 

Nuestra manera de reaccionar y actuar ante un desborde emocional es crucial para lo que se va a sellar en ese cerebro en construcción.

 

Entonces, en base a todo esto, podemos decir que las explosiones emocionales son totalmente normales desde el año y medio o dos años hasta los 4 o 6 años, todos los niños y las niñas las tienen, forma parte de su desarrollo y de su manera de conocer el mundo y sus propias emociones.

 

Y aunque estos desbordes van a ser inevitables, si que podemos tener en cuenta algunas estrategias para minimizarlas como:

  • Rutinas: para saber que va a pasar, dan estabilidad y confianza y regulan momentos cruciales de hambre y sueño.
  • Ambiente preparado: lo que va a permitir que el peque explore y se pueda mover con libertad satisfaciendo sus necesidades de exploración y juego.
  • Amor y comprensión: empatía, estar ahí, saber ver su necesidad y acompañarla.
  • Ceder o no ceder: no ceder cuando sabemos que no debemos o cuando se salta un límite o una norma, podemos ceder si no es algo trascendental, como por ejemplo elegir su propia ropa.

 

Es importante interiorizar que nuestros peques nos observan y aprenden de nosotros continuamente, por eso es tan importante ser conscientes de nuestro tono de voz, de las palabras que utilizamos, de nuestros gestos, nuestra mirada…

 

¿Qué pasa cuando nuestro hijo o nuestra hija está desbordado? 

 

Podríamos decir que “su cerebro está secuestrado” no atiende a palabras, no atiende a razones, no es momento de hablar, de humillar, de juzgar, de enfadarse o dejar solo… Es el momento de estar ahí, a su altura, con contacto, con una mirada amable, porque cuando están así significa que alguna de sus necesidades no está cubierta, por ello debemos respetar ese momento de explosión dejando que exprese.

 

¿Cómo podemos bajar la intensidad? Lo más importante es estar cerca, si nos deja, podemos tener contacto, primero poco a poco, hasta conseguir un abrazo, si no nos deja no pasa nada, podemos recordarle que estamos ahí para cuando lo necesite.

 

Y cuando llega la calma… Debemos redirigir:

  • Con palabras de calma, nunca con juicios o reproches.
  • Aceptamos y validamos su emoción, pero no la acción, podemos dar estrategias para cambiar la acción, pero la emoción siempre va a ser válida.
  • Podemos ver lo positivo, siempre hay algo positivo.
  • Podemos empezar a trabajar la empatía, con preguntas como ¿Y si te pasara a ti, cómo te sentirías?

 

En definitiva, estas explosiones o desbordes son normales en la infancia, se dan a causa del desarrollo cerebral, emocional y físico, están conociendo el mundo y conociéndose a sí mismos, vienen dadas por una desregulación o una necesidad que no está siendo atendida. Es nuestra reacción ante ellas lo que va a marcar su aprendizaje, es nuestro acompañamiento adecuado lo que va a guiar estas explosiones y va a hacer que cada vez sean menos intensas, además es el momento adecuado para poner nombre a eso que están sintiendo y dar herramientas para ayudarles a comprender lo que está pasando y en un futuro, poder actuar de otra manera.

 

En resumen, si cambiamos la visión a esta etapa, puede ser un momento de aprendizajes muy fuertes y de consolidación del apego.

 

Si estáis en plena fase de desbordes, respirar, porque de verdad que esto pasa ¡Ánimo papás y mamás!

 

Ana Torres

Asesora de Maternidad

Nota: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración médica individual. Ante cualquier duda clínica, consulta con un profesional sanitario cualificado.

Ana Torres

Asesora de Crianza, Consultora de lactancia, Psicóloga
Soy Ana, maestra de Educación Infantil y Psicóloga Perinatal, experta en Crianza Consciente, Apego e Inteligencia Emocional, además de Asesora de Lactancia y Destete. Después…

Para llevar

RABIETAS Y CEREBRO EN CONSTRUCCIÓN

Las rabietas son desbordes emocionales normales entre ~1,5–2 y 4–6 años. El cerebro infantil es emocional hasta los 7–8: no pueden razonar en plena explosión. Lo que más sella el aprendizaje es nuestra reacción: acompañar con calma, no presionar.

Qué puedes hacer por ti misma

En el desborde, no intentes razonar ni juzgar. Ponte a su altura, permanece cerca, ofrece contacto si lo acepta y respeta la expresión emocional. Cuando llegue la calma, redirige con palabras tranquilas, valida la emoción (no la acción) y ofrece estrategias sencillas.

¿Qué puede hacer tu pareja por ti?

Alineaos en lo básico: rutinas (sueño/hambre), ambiente preparado para explorar, límites coherentes (no ceder en lo importante, sí en lo no trascendental, p. ej. elegir ropa). Durante la explosión no humillar ni dejar solo; después, nombrar lo positivo y modelar empatía.

Para llevar

RABIETAS Y CEREBRO EN CONSTRUCCIÓN

Las rabietas son desbordes emocionales normales entre ~1,5–2 y 4–6 años. El cerebro infantil es emocional hasta los 7–8: no pueden razonar en plena explosión. Lo que más sella el aprendizaje es nuestra reacción: acompañar con calma, no presionar.