Criar en soledad: cuando el problema no es la crianza, sino el contexto

Soy educadora, doula, escritora y conferencista. Desde hace más de una década acompaño procesos de niñez, crianza y desarrollo humano, integrando mi formación académica con la experiencia en espacios educativos y en el acompañamiento a familias. Creé y guie durante 12 años un espacio educativo que recibió a más de 200 familias. Brindo charlas, talleres y asesoramientos, y he acompañado nacimientos tanto en casa como en ámbitos hospitalarios.

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Criar en soledad: cuando el problema no es la crianza, sino el contexto

Hoy parece que criar pesa más. Y no, no necesariamente porque los niños sean “más difíciles”, sino porque estamos mucho más solos.

En muchos debates actuales se tiende a responsabilizar a determinados enfoques educativos —como la llamada crianza respetuosa— por el cansancio o la sensación de desborde que viven muchas familias. Pero culpar a una forma de criar no resuelve el problema de fondo. Tal vez la pregunta más honesta sea otra: ¿Qué condiciones sociales estamos atravesando hoy al momento de criar?

Durante mucho tiempo la crianza fue una tarea compartida. Existía una vecindad, una familia ampliada, otras manos y otros ojos presentes. Las presiones también existían, por supuesto, pero la vida tenía un carácter mucho más comunitario. En este sentido, las preguntas, las dudas y las dificultades no se vivían únicamente de forma individual.

Hoy, en cambio, muchas de las presiones que enfrentamos al criar y educar aparecen como problemas personales. Si los niños hacen berrinches, si nos cuesta sostener ciertos límites, si el uso de la tecnología nos desborda o si sentimos que no llegamos a todo, tendemos a pensar que el problema está en nosotros. Creemos que estamos fallando individualmente cuando, en realidad, muchas de estas dificultades responden a transformaciones estructurales de la vida contemporánea.

Estamos criando en una sociedad profundamente compleja y, en muchos sentidos, solitaria.

Lo que antes podía conversarse en una vereda, en la casa de un vecino o entre familias cercanas, hoy suele pasar por el filtro de una pantalla. Buscamos respuestas, consejos y acompañamiento en el mundo digital. Y si bien allí también podemos encontrar herramientas valiosas, ese mismo espacio está atravesado por otros fenómenos: ideales de familias perfectas, soluciones rápidas, consejos descontextualizados y modelos de crianza que muchas veces resultan difíciles —o imposibles— de aplicar en la vida cotidiana.

Frente a esta sobreabundancia de información, quizás el desafío no sea consumir cada vez más contenido sobre crianza, sino aprender a desarrollar una mirada más crítica y selectiva. Volvernos más eficientes a la hora de filtrar lo que realmente nos sirve y, sobre todo, a la hora de llevarlo a la práctica.

Pero hay algo aún más importante: reconstruir formas de sostén real. En un contexto donde se exige mucho y se acompaña poco, las familias necesitan volver a crear redes que permitan compartir la experiencia de criar. Y esta idea de “crear comunidad” no debería ser solo una consigna inspiradora o una frase repetida; debería ser un movimiento concreto hacia la construcción de vínculos que realmente nos sostengan.

Eso implica, muchas veces, aprender a vincularnos con personas que sumen a nuestra vida, que puedan validar nuestras dudas, escuchar nuestras dificultades y compartir valores similares. Y esos vínculos no siempre coinciden con los lazos familiares heredados o con las relaciones que existían antes de tener hijos. En muchos casos, las redes más significativas se construyen con quienes transitan momentos vitales parecidos o comparten una forma similar de comprender la crianza.

Tal vez el camino comience desde lo pequeño: desde decisiones cotidianas que nos acerquen a otros, desde conversaciones honestas y desde la posibilidad de compartir la experiencia de criar sin máscaras ni idealizaciones.

Porque criar nunca fue ni será una tarea individual y siempre se sostuvo en algo mucho más simple y más profundo: la presencia de otros. Por eso, tal vez la pregunta que deberíamos empezar a hacernos no sea cómo criar mejor, sino cómo volver a construir las redes humanas que hicieron posible la crianza durante generaciones.

Nota: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración médica individual. Ante cualquier duda clínica, consulta con un profesional sanitario cualificado.

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Sofía Mauritsh

Doula, Educadora
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