Beber agua no es suficiente: cómo el agua nos cuida en el embarazo

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Beber agua no es suficiente: cómo el agua nos cuida en el embarazo

Más allá de beberla, el agua puede convertirse en una aliada esencial durante el embarazo: un espacio de sostén, confianza y conexión profunda con una misma, con el bebé y con la vida.

El cuerpo que flota, el alma que confía

Dicen que venimos del agua. Que el primer hogar que habitamos fue un océano cálido dentro del vientre de nuestra madre. Quizás por eso, cuando una mujer está embarazada, algo profundo en su cuerpo la llama a volver al agua. Es un impulso antiguo…instintivo. Como dice el obstetra Michel Odent, “los humanos somos mamíferos acuáticos en potencia”. Durante el embarazo, el cuerpo recuerda ese lenguaje.

Y es que todas venimos del agua: durante nueve meses, flotamos en el útero materno, sostenidas, nutridas, protegidas por ese lago calmado que es el líquido amniótico. Tal vez por eso, cuando una mujer embarazada entra en el agua, ocurre algo profundamente familiar: el cuerpo se relaja, la mente se apacigua, y el tiempo parece detenerse. Pero ocurre algo más profundo: el sistema nervioso se calma, el cuerpo entra en un estado de presencia y entrega, y el bebé, desde el útero, lo percibe todo. El agua se convierte en un puente de comunicación y amor entre ambos.

A lo largo de mis años acompañando a mujeres embarazadas en el agua como fisioterapeuta, he visto cómo el agua actúa como una maestra silenciosa. En sesiones de Watsu o Aquasoma, el cuerpo de la mujer se deja llevar, sostenido por las manos del terapeuta y por la flotabilidad natural del agua. No hay esfuerzo. No hay meta. Solo el ritmo lento del agua que envuelve, acuna y escucha. He podido ver una y otra vez cómo este elemento se convierte en un refugio. El agua no solo alivia el peso físico del embarazo —las articulaciones, la espalda, el suelo pélvico— sino también el emocional. Es un espacio donde todo se suaviza: el movimiento, la respiración, los pensamientos. Es el lugar donde el cuerpo puede recordar cómo fluir.

Recuerdo especialmente una sesión que tuve hace más de una década con una mujer embarazada de ocho meses. Quería parir en casa pero el bebé venía de nalgas. Y es que este era su segundo embarazo y tras una episiotomía no consentida en el primero, ella sentía miedo. Quizás el bebé lo percibía y por eso no terminaba de girarse. Durante la sesión de Watsu, la invité a flotar, a soltar el control, a respirar y dejar que el agua la sostuviera. Al finalizar, con lágrimas en los ojos, me contó que había tenido una visión: vio a su bebé, Oriol, se cogían de las manos y le decía: “Ya no tengo miedo.”
Días después, cuando fue a la matrona, Oriol se había girado y encajado. Y sí, nació en casa, como su madre soñaba, en un parto respetado y lleno de calma.
El agua tiene esa magia, nos recuerda que la vida siempre sabe encontrar su camino.

El agua como espacio terapéutico y cotidiano

No hace falta vivir una experiencia tan profunda para beneficiarse del agua durante el embarazo. Basta con dejarse sostener, flotar, moverse y respirar dentro de ella. En muchas piscinas municipales o centros de salud, las matronas facilitan programas de movimiento acuático, como el método AIPAP, donde se trabaja la movilidad de la pelvis, el fortalecimiento del suelo pélvico y la libertad de movimiento. Estas sesiones preparan el cuerpo para el parto, ayudan a liberar tensiones, mejorar la circulación y conectar con el placer del movimiento sin peso. Otra práctica sencilla y transformadora es nadar conscientemente, sin exigencia ni técnica. Nadar puede ser una forma de meditación en movimiento.

A veces invito a las mujeres a sumergirse lentamente, cerrar los ojos y escuchar los sonidos desde dentro del agua: ese eco suave y redondo es el mismo paisaje sonoro que escucha su bebé en el útero. El agua no solo cuida el cuerpo, también enseña a soltar el control, una de las claves más importantes para vivir el parto y la maternidad desde la confianza.

Para la pareja: sostener sin dirigir

Cuando la pareja participa en una sesión acuática, el agua se convierte en un terreno sagrado de encuentro. He visto a muchos padres descubrir por primera vez lo que significa sostener sin hacer, acompañar sin intervenir.Un simple ejercicio puede cambiarlo todo: colocarse detrás de la mujer, pecho con espalda, y sincronizar la respiración. Notar cómo el cuerpo de ella flota con el tuyo, cómo cada exhalación se convierte en una ola compartida.

Esa respiración compartida crea un vínculo profundo, una confianza que luego se traduce en el parto: la mujer sabe que no está sola, que hay un sostén real y amoroso detrás. El agua enseña a las parejas a presenciar sin invadir, a ser el suelo firme que sostiene la expansión del otro.

Un gesto simple: volver al agua

Para las mujeres embarazadas que no tengan acceso a una piscina terapéutica o sesiones especializadas, hay gestos sencillos para reconectar con el agua:

• Tomar un baño en casa con calma, con música suave y respiración consciente.

• Caminar en el mar a primera hora o al atardecer, dejando que las olas masajeen los pies y el vientre.

• Flotar unos segundos boca arriba, sintiendo cómo el cuerpo se entrega y confía.

Cada vez que una mujer embarazada se deja abrazar por el agua, algo se recoloca dentro: se despierta la memoria del útero, la confianza, el ritmo natural. Algo dentro de ella —y del bebé— recuerda cómo confiar, cómo fluir, cómo parir, cómo nacer.

El agua nos enseña que no hay que empujar la vida, sino permitirla fluir.

Nota: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración médica individual. Ante cualquier duda clínica, consulta con un profesional sanitario cualificado.

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Víctor Barreda Pazos

Fisioterapeuta pediátrico, Watsu Advanced Specialist
Soy Víctor Barreda, fisioterapeuta desde 2005, pero no fue hasta que me convertí en padre que realmente entendí la transformación que supone el embarazo, el…

Para llevar

El agua no es solo hidratación: es un espacio de sostén que aligera el cuerpo, calma tu sistema nervioso y refuerza el vínculo con tu bebé.

Qué puedes hacer por ti misma

Una vez a la semana, date un baño templado de 10–15 minutos: cierra los ojos, mete las orejas bajo el agua para escuchar el “silencio redondo”, respira 4–6 y permite que el peso caiga con cada exhalación.

¿Qué puede hacer tu pareja por ti?

En la piscina, colócate detrás (pecho con espalda) y sincronizad la respiración 3–5 minutos; sujeta suavemente hombros/brazos y acompaña el balanceo sin dirigir. Al salir, pregunta: “¿Qué necesitas ahora?”.

Para llevar

El agua no es solo hidratación: es un espacio de sostén que aligera el cuerpo, calma tu sistema nervioso y refuerza el vínculo con tu bebé.