La Ansiedad Anticipatoria

Especialista en Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC). Instituto Ret Barcelona del Instituto Albert Ellis, Nueva York. Máster en Psicología Clínica por el Centro de Terapia de Conducta Valencia (CETECOVA). Breve biografía: La terapia psicológica con la que trabajo con mis pacientes es la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), una especialidad muy valorada y con muy pocos profesionales en el área formados en ella. Este enfoque psicológico fue creado en 1957 por el Dr. Albert Ellis (creador de la terapia cognitiva). Este enfoque es uno de los más eficaces en la actualidad. Es una terapia breve, profunda y con resultados a largo plazo. Se utilizan herramientas y técnicas psicológicas científicamente probadas y se produce un cambio profundo y duradero en la filosofía de vida del paciente. De esta manera, nos volvemos más funcionales, disfrutamos más de la vida y alcanzamos nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo, de forma duradera, previniendo problemas o dificultades psicológicas en el futuro. Experiencia: Llevo más de 10 años trabajando como terapeuta cognitivo-conductual para tratar diferentes problemas emocionales.

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La Ansiedad Anticipatoria

¿Y si pasara algo malo? ¿Y si sale mal? ¿Y si…?

Una de las capacidades que nos distingue a los seres humanos de otros animales es la de anticipar el futuro. Esta habilidad tiene mucho sentido desde el punto de vista evolutivo: nos ayuda a prepararnos y estar alerta ante posibles amenazas.

Hasta aquí, todo parece lógico e incluso positivo. El problema aparece cuando nos enganchamos a una visión catastrofista del futuro, y empezamos a rumiar (pensar demasiado y obsesivamente) y a controlar compulsivamente para evitar aquello que tememos. Ese pensamiento se convierte en una fuente constante de ansiedad.

¿Por qué ocurre esto?

Nuestro cerebro no distingue bien entre la realidad y lo imaginado. Así, cuando anticipamos un escenario negativo, y lo acompañamos de una emoción intensa (como la ansiedad), el cerebro lo interpreta como algo real. Esto activa una serie de mecanismos automáticos:

1. Posibilidad = certeza aparente: Si algo es posible, entonces puede pasar. Si puede pasar, debo estar pendiente. Y si estoy todo el tiempo pendiente, mi mente lo interpreta como si fuera la única opción posible.

2. Ansiedad como respuesta real: Si siento ansiedad frente a una imagen mental, mi cuerpo reacciona como si estuviera ocurriendo de verdad. Se activan respuestas fisiológicas y químicas, como si estuviera en peligro real.

3. Sensación de incapacidad: Aparece la creencia de que no podré afrontar lo que pueda venir. Me siento indefenso y vulnerable.

    En resumen: sufrimos por adelantado calamidades que es probable que nunca ocurran. De hecho, se estima que el 91,4% de los pensamientos catastróficos jamás se hacen realidad.

    El impacto de la ansiedad constante

    La ansiedad sostenida afecta nuestra salud física y emocional, y nos roba bienestar. No a todos nos afecta igual: influyen la personalidad, experiencias previas, el entorno familiar, social, etc.

    Si te reconoces navegando por el futuro con ansiedad y catastrofismo, aquí tienes algunas estrategias para salir de ese bucle:

    1. Entrenar la objetividad con probabilidades

    En vez de pensar solo en lo peor, divide la situación en 4 escenarios posibles, con igual probabilidad (25%):

    Ejemplo: “Van a hacer una reforma en casa y temo que será un desastre”.

    • Escenario 1 (25%): Elegí cuidadosamente a la empresa, es probable que todo salga bien, a mi gusto y dentro del presupuesto.

    • Escenario 2 (25%): La reforma saldrá bien, aunque puede que no refleje completamente mis gustos.

    • Escenario 3 (25%): No quedará como esperaba y me sentiré decepcionado.

    • Escenario 4 (25%): Será una chapuza y una estafa.

    Así entrenamos al cerebro a considerar más opciones, no solo la catastrófica.

    2. Reconectar con tu capacidad de afrontar

    No es cierto que no tengas recursos. Recuerda momentos pasados donde sí pudiste manejar situaciones difíciles. Confía en tu experiencia y aprende también de quienes han superado obstáculos similares.

    3. Cambiar el foco: no controlas el futuro, sí tu actitud

    No puedes evitar lo que aún no ocurre, pero sí puedes elegir tu respuesta cognitiva, emocional y conductual. Esta actitud marca la diferencia entre una gestión funcional o disfuncional de las dificultades.

    4. Agradece a tu mente… y tráela al presente

    Dile: “Gracias por preocuparte, te pediré ayuda si la necesito, ahora puedes descansar”. Llevar la mente al presente es fundamental para sentir bienestar. Si está anclada en el futuro o en el pasado, estará en modo supervivencia.

    En conclusión

    Sentir ansiedad no es malo como tal, sino la intensidad y la duración, lo que la convierte en desagradable. Lo importante es la actitud que tomamos frente a ella. Si es positiva, la ansiedad puede ser una aliada para alcanzar objetivos. Si es negativa, puede volverse destructiva.

    Es nuestra decisión qué tipo de relación queremos tener con ella.

    Nota: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración médica individual. Ante cualquier duda clínica, consulta con un profesional sanitario cualificado.

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    Sonia Gerometta Sotelo

    Psicóloga
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    Para llevar

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    Anticipar es humano, pero engancharse a la catástrofe desgasta. El 91 % de esos “¿y si…?” nunca sucede. Entrenar otros escenarios, confiar en tus recursos y volver al presente corta el bucle.

    Qué puedes hacer por ti misma

    Practica respiración consciente, escribe tus miedos y rétalos con probabilidades reales. Recuerda logros pasados y busca ayuda profesional si la ansiedad ocupa tu día.

    ¿Qué puede hacer tu pareja por ti?

    Pídele que te escuche sin juzgar y te recuerde evidencias objetivas. Que te ayude a desconectar (paseo, humor, abrazo) cuando tu mente se vaya al peor escenario.

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